Home

Poner etiquetas, sobre todo cuando se realiza desde una posición de privilegio inasumida, es una forma de agresión porque consiste en señalar lo diferente y, por extensión, lo inferior. Los nacidos después de 1985 (año arriba, año abajo) tenemos que aguantar dichas agresiones con más frecuencia que cualquier otro sector de población. Y casi todas vienen firmadas por varones de una generación anterior. El caso que me ocupa hoy es un artículo de El País que no pienso enlazar y escrito por un tal Antonio Navalón. El señor Navalón (Valencia, 1952) pertenece a la generación nacida entre 1945 y 1965. En EE.UU. los llaman baby boomers, que casi parece un apodo simpático, pero sería mucho más adecuado definirlos como generación langosta, concepto que no he inventado yo pero que desde aquí, ya puestos a poner etiquetas, reivindico como categoría formal.

¿A qué me refiero con langosta? No hablo del crustáceo carnoso que asociamos con el lujo, no. Hablo del insecto. Ese saltamontes gordo que viaja en manada, ese animal cegado por el frenesí insaciable de consumir, consumir y consumir hasta que ya no queda nada.

Esos varones que aparentan esforzarse por entender a los millenials como el que intenta entender de ecología mirando un colección de mariposas en una vitrina, crecieron recibiendo en la misma boca la pulpa masticada de un mundo aún virgen e inocente, lleno de nichos abiertos, acogedores e indefensos, fáciles de colonizar y someter. ¿Cuántos de esos jóvenes insaciables, que se hicieron hombres durante la Transición y que compraron viviendas con el sueldo de de 5 o 10 años son hoy directores, jefes, presidentes, portavoces, gerentes, capataces? Muchos. ¿Cuántos de todos ellos llegaron a esa cúspide profesional teniendo que demostrar méritos académicos como los que se nos exigen a los que ahora estamos abajo? Me atrevo a decir que ninguno. Esos varones son el fruto de una meritocracia de chichinabo donde todo estaba por hacer: como un curso de educación especial llena de cafres donde con hacer la letra bonita y no liarla demasiado en clase ya se consigue el aprobado.

Esos varones, totalmente abstraídos en su burbuja de duchas en días alternos y bofetaditas en el cuello de colonia a granel, se asoman al mundo con condescendencia, listos para arreglarle la vida a cualquiera, ajenos por completo a la fehaciente realidad de que ese mundo que les daba de comer en la boca como una jodida madre pingüino no sólo ya no existe, sino que ellos mismos la han violado, vejado, succionado, masticado y parasitado hasta dejarla como un saco estéril de piel y huesos.

1291762742433

© John Woudstra

Esos varones, desconocedores absolutos del significado de la palabra empatía, no han construido nada y lo han heredado todo: la universidad, los medios de comunicación, los partidos políticos, el sistema financiero, los sindicatos. Y desde esa torre de marfil, no sólo no catalizan ningún tipo de cambio sino que lo imposibilitan hasta ahogarlo irremediablemente. Son un auténtico acceso de estreñimiento, un tapón de caca dura que se aferra al intestino.

Y ante este panorama de campos baldíos, de oportunidades abortadas a patadas, de un futuro desangrado y renqueante plagado de piojos en forma de nóminas de 500€, jornadas de 14h sin horas extras y una acumulación enfermiza e inútil de carreras, másters y doctorados que no hacen sino engordar los bloques de cemento que nos habéis puesto a los pies, resulta que vosotros, langostas, tenéis la osadía de intentar entendernos, de darnos sentido, de arreglarnos la vida, como si compararnos con vuestra visión pervertida del mundo tuviera algún tipo de sentido. Pues la noticia no es que nos intentéis entender desde vuestra necedad crónica. La noticia es que no lo vais a conseguir nunca: ningún intento de entendernos, darnos sentido, adoctrinarnos o hacernos sentir culpables que venga de vuestro lado del vertedero va a fructificar, porque el mundo que os vio nacer está camino de morir por culpa de ese cáncer que sois vosotros mismos.

A nosotros nos habéis dejado los despojos, así que cómo nosotros decidamos juntar esos restos y darles forma nos incumbe sólo a nosotros. Y sobre los restos de ese mundo, fertilizado con vuestro desprecio, nosotros cultivaremos lo que nos de la puta gana nos haga felices, ya sea empezar un canal de Youtube, una start-up o pasarnos el día haciéndonos selfies, y lo haremos con desidia o plagados de entusiasmo. O borrachos de narcisismo y hedonismo o con más solidaridad de la que habéis sido capaces vosotros en toda vuestra vida.

Lo haremos, en definitiva y por mucho que os moleste o desconcierte, como queramos nosotros y no como os parezca bien a vosotros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s