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fingerscrossed2La mendacidad y la mentira son cosas diferentes. Mentir mentimos todos, pero adoptar el hábito de mentir como sistema de vida es algo que sólo unos privilegiados se pueden permitir. En política, al menos en España, pasa algo muy curioso que no se da en otros países vecinos (excepto Italia, se me ocurre): la mendacidad y la impunidad son inseparables.

Todo esto de la impunidad y la mendacidad se me viene a la cabeza con el tema del escrache, de la PAH y de lo que es antidemocrático y lo que no lo es: hay una cuestión que parece que todo el mundo está pasando por alto, y es que todo esto no se trata de un debate político.

Insisto: NO ES UN DEBATE POLÍTICO.

Hasta donde yo sé, la PAH desde el principio se ha posicionado como una plataforma totalmente independiente, pero no por una cuestión de principios, sino porque cuando todos mirábamos para otro lado mientras se desmoronaban los bancos, a la PAH nadie le ha hecho ni puñetero caso durante los últimos cuatro años. Y cuando digo “nadie” me refiero tanto  al sistema como a los que ni estamos hipotecados ni conocemos a nadie que haya sido desahuciado o esté en riesgo. Se han pasado, como digo, cuatro años construyendo, consensuando, colaborando. Han agotado las vías que ofrece el sistema para legitimar algo que en un país normal no necesitaría legitimación formal. Han establecido un plan de ruta y han presentado unas medidas innegociables y de sentido común (insisto, consensuadas). Sin ideologías ni afiliaciones políticas (diga el PP lo que diga). Y ahora están en boca de todos porque han ido un paso más allá con una medida que fue públicamente anunciada y advertida, y que ataca directamente a la impunidad de los que pasan de puntillas por los temas sobre los que legislan mientras se descargan aplicaciones para sus iPads en el Congreso (que, de hecho, estamos pagando todos.)

El problema está, como he dicho al principio, en que esto no es un debate político. No es una cuestión de si Ada Colau está capacitada o no para decir lo que dice. O si las medidas que presentan son justas o injustas. O si el escrache es democrático o no. No se trata de si se está de acuerdo o no, sencillamente porque las opiniones no caben. Sí, suena totalitario, pero es así: sólo cabe estar de acuerdo. No existe el derecho a opinar, no a estas alturas, no tras cuatro años de dar la espalda, de ignorar el problema y de ningunear a los que han dedicado tiempo y esfuerzo a aportar soluciones prácticas a gente totalmente abandonada por el sistema. Gente que sufre la violencia de los bancos  y sobre cuyos hijos parece que nadie se pregunta si el sacarlos por la fuerza de su casa les provoca algún tipo de trauma  (¿los hijos de los que no pagan la hipoteca valen menos que los hijos de un diputado del PP?). Y si no fuera por la red de apoyo de la PAH, que canaliza la desesperación de miles de familias, mucha de esta gente agarraría una escopeta como hizo Pere Puig Puntí en Olot en 2010, lo cual creo que pone algo de perspectiva sobre el papel que está jugando la PAH como agente de contención social.

El PP intenta descabezar la PAH atacando a Colau y asimilándola a “grupos filoetarras”. Es decir, está arrojando armas poíticas contra un grupo que no es político y cuyas demandas no son políticas. Y aquí es donde la mendacidad brilla con su máximo esplendor: un presidente que no sólo no ha cumplido ni uno sólo de los puntos de su programa electoral, sino que además ha hecho punto por punto todo lo que insistió en que no haría, es mendaz cuando usa la palabra “antidemocrático”. Y por no atizar siempre a los del mismo bando: un grupo que no hizo nada durante una legislatura y al que ahora no paran de ocurrírsele soluciones, es mendaz (y fariseo).

Y aunque el PP se tire de los pelos (tal y como lo haría el PSOE si estuviera gobernando), lo que está empezando a ocurrir no es que se esté atacando a los pilares de la democracia por juntarse 15 personas en la puerta de un diputado, sino que la tradicional asociación entre mendacidad e impunidad se está empezando a desdibujar: si tú eres diputado, estás realizando un servicio público así que trabajas para mí; si yo, el público, excepcionalmente y por una mayoría incontestable, te exijo que me des una solución, tu deber es cumplir con ello; si me ignoras, como mínimo tengo derecho a hacerte saber el efecto que tu desidia profesional va a tener sobre mi vida. Y si para eso tengo que irme a tu puerta y dejarte en el buzón una fotocopia de mi orden de desahucio, así lo haré.

¿O tú no haces lo mismo con tu programa electoral cuando vienen las elecciones?

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